Cerca del Mediodía: Cuando el Tiempo se Encuentra con la Eternidad

Written by Jose Urbina

L'Heure (The Hour) 1894 by Emile Coulon

Introducción

Vivimos en una cultura que constantemente compite por nuestra atención. Aunque rara vez escuchamos a alguien pedir oración porque un ser querido pasa demasiado tiempo en el teléfono, la realidad es que el uso del tiempo se ha convertido en una de las grandes batallas espirituales de nuestra generación.

La Escritura nos recuerda:

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16).

El tiempo es un regalo de Dios. Sin embargo, con frecuencia lo tratamos como un recurso ilimitado. El relato de la mujer samaritana en Juan 4 nos muestra que el tiempo no solo tiene valor terrenal; también tiene implicaciones eternas. En aquel encuentro “como a la hora sexta”, una mujer marginada descubrió que sus necesidades más profundas solo podían satisfacerse en Jesucristo.

El Tiempo a la Luz de la Eternidad

La inspiración para esta reflexión surge de una pregunta provocadora: ¿podría salvarse el diablo?

La respuesta bíblica es no. El diablo pertenece al ámbito de la eternidad, donde la condición espiritual está fija. En contraste, los seres humanos vivimos dentro del tiempo, un espacio donde todavía existe la oportunidad de arrepentirse, cambiar y responder al llamado de Dios.

La historia del hijo pródigo ilustra esta realidad. Mientras permanecía en el reino del tiempo, pudo reconocer su condición, regresar a su padre y experimentar restauración. Esa oportunidad desaparece una vez que se cruza el umbral de la eternidad.

Por eso, la forma en que utilizamos nuestro tiempo tiene consecuencias eternas. Mientras vivimos, aún podemos acudir a Cristo, servir a nuestra generación y cumplir los propósitos para los cuales Dios nos creó.

El Tiempo es Importante para Dios

La importancia del tiempo aparece desde la primera línea de la Biblia:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

El tiempo forma parte de la creación de Dios. Él existe fuera del tiempo, pero interactúa con nosotros dentro de él. Dios estableció los ciclos de días, meses y años y utiliza el tiempo para desarrollar Sus propósitos redentores.

Si el tiempo es importante para Dios, entonces debería ser importante para nosotros. Sin embargo, con frecuencia dejamos que se nos escape sin reflexionar en cómo lo estamos invirtiendo.

Los Ladrones Modernos del Tiempo

En la actualidad, muchas actividades compiten por nuestra atención. Entre ellas destacan:

  • La procrastinación.

  • Las redes sociales.

  • Las reuniones innecesarias.

  • El correo electrónico.

  • Diversas distracciones cotidianas.

Las plataformas digitales han sido diseñadas para mantenernos conectados el mayor tiempo posible. A través de algoritmos personalizados, contenido infinito y recompensas impredecibles, capturan nuestra atención y nos mantienen consumiendo información durante horas.

El problema no es únicamente tecnológico; es espiritual. Si el tiempo es valioso para Dios, también será un objetivo estratégico para el enemigo. Las distracciones pueden impedirnos escuchar la voz de Dios, leer Su Palabra o participar en Su obra.

Una Mujer que Organizó su Vida Alrededor del Rechazo

En Juan 4 encontramos a una mujer que acude al pozo al mediodía.

Aquella hora era inusual. Las mujeres acostumbraban sacar agua durante las horas más frescas del día, ya fuera por la mañana o al atardecer. Además, solían hacerlo en grupo.

La samaritana fue sola.

Todo indica que evitaba a la comunidad debido al estigma asociado con su pasado. Había experimentado múltiples fracasos relacionales y organizó su vida alrededor de ese dolor. Su rutina diaria reflejaba aislamiento, vergüenza y una profunda necesidad espiritual.

Cuando el Tiempo se Encuentra con la Eternidad

Lo extraordinario del relato es que Jesús inicia una conversación aparentemente común acerca del agua.

Sin embargo, rápidamente dirige la atención hacia una necesidad mucho más profunda: el alma humana.

La mujer entendía la importancia del agua física, pero desconocía la existencia del agua viva que solo Cristo puede ofrecer. Poco a poco, Jesús revela su situación personal, confronta su realidad espiritual y finalmente se presenta como el Mesías.

En ese momento ocurre algo extraordinario:

el tiempo se encuentra con la eternidad.

La conversación deja de girar en torno al pozo, al calor o a las relaciones fallidas. El centro ahora es la adoración verdadera y la posibilidad de reconciliación con Dios.

La mujer recibe mucho más que una respuesta a sus problemas inmediatos. Encuentra al Salvador.

El Resultado de un Encuentro Transformador

La transformación fue tan profunda que la mujer dejó atrás su antigua manera de vivir y comenzó a compartir lo que había experimentado.

El resultado fue sorprendente:

“Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer.”

Lo que comenzó como una visita rutinaria al pozo terminó convirtiéndose en un movimiento espiritual que impactó a toda una comunidad.

Una vida que parecía desperdiciada pasó a tener significado eterno.

¿Qué Hay de Nosotros?

La pregunta que surge es inevitable:

¿Cómo estamos usando nuestro tiempo?

Quizá no enfrentemos exactamente las mismas circunstancias que la mujer samaritana, pero todos tenemos distracciones, hábitos y prioridades que compiten por nuestra atención.

No todas esas actividades son necesariamente pecaminosas. Sin embargo, muchas veces ocupan el espacio que debería pertenecer a Dios: el tiempo de oración, la lectura de la Biblia, la comunión con otros creyentes y la participación en Su obra.

Jesús expresó esta urgencia cuando dijo:

“Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.”

Luego añadió:

“Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.”

El momento de responder al llamado de Dios no es mañana. Es ahora.

Conclusión

Cada día recibimos veinticuatro horas. La forma en que las invertimos revela nuestras prioridades y nuestra visión de la eternidad.

La mujer samaritana jamás volvió a ver el tiempo de la misma manera después de encontrarse con Cristo. Lo que antes era una rutina marcada por la vergüenza se convirtió en una oportunidad para dar testimonio del Salvador.

Las palabras de Mardoqueo a Ester siguen siendo relevantes para nosotros:

“¿Y quién sabe si para una hora como esta has llegado al reino?”

El tiempo importa porque le importa a Dios. Y cuando entendemos esto, comenzamos a ver cada día como una oportunidad divina para cumplir Sus propósitos eternos.

Next
Next

Jesus Gets a Driver’s License